Kalea escribió: Jue Ago 07, 2025 7:35 pm
Tú lo has dicho, desechar lo no deseable y ahí podemos meter todas esas cadenas que tú echas de menos y a nosotras nos ahogaban, como por ejemplo depender económicamente de un hombre, pero es que esto es tan básico que me cuesta creer que aún haya alguien nos haga responsables de los males sociales.
Por cierto ¿Las violaciones son algo nuevo? ¿Con la familia tradicional no se daba? ¿Estás seguro? Mira que las agresiones sexuales dentro del matrimonio eran habituales aunque desde luego no denunciables, y el abuso/agresión sexual a menores lo mismo, y en muchos casos por los máximos responsables de "lo tradicional" ¿Y que hacían nuestros protectores los hombres? Pues nada porque muchas de las veces estaban ocupados violándonos.
El papel de la mujer en la sociedad tradicional de hoy lo debe escribir ella en un diálogo sincero con todos, expresando cuáles son sus necesidades materiales e inquietudes espirituales, para que la sociedad las satisfaga. Por ejemplo, la maternidad: a efectos de permitir que no sea un problema para las mujeres e incentivar que tengan los hijos que deseen, el Estado debería satisfacer unos 400 euros netos todos los meses por hijo, cantidad que además cotizaría a la seguridad social, hasta que dicho hijo cumpliese 25 años. Así la mujer se emanciparía de las necesidades económicas, porque trabajando, por ejemplo, a media jornada, ya le daría para mantenerse sola, y podría dedicar tiempo a sus hijos y a crear belleza por medio del arte.
Eso de que en las sociedades tradicionales los matrimonios eran de película de terror es falso, la mayoría de los matrimonios eran felices. Un invento de la modernidad para engañar a las mujeres y que traguen con el liberalismo.
Las violaciones no son algo nuevo, pero el número de ellas y la brutalidad como se hacen, eso sí que es nuevo y ajeno a la España tradicional.
Conclusión: las sociedades tradicionales giran en torno a la bella, que es su máxima aspiración, y son enemigas a muerte de la modernidad y del liberalismo. Las mujeres como receptoras y transmisoras de la tradición (y de la belleza) han de ocupar un lugar preeminente en dichas sociedades y los hombres uno subordinado. Y las sociedades tradicionales han de estar cerradas y ser impermeables a cualquier influencia externa.